Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Por lo demás, el iluminismo es un intento natural, y en esa medida justificable, de fundamentar la verdad. Pues el intelecto orientado hacia fuera, en cuanto simple órgano para los fines de la voluntad y en consecuencia meramente secundario, es solamente una parte de toda nuestra esencia humana: pertenece al fenómeno, corresponde únicamente a él, ya que de hecho existe exclusivamente para él. ¿Qué puede entonces ser más natural sino que, cuando se fracasa con el intelecto que conoce objetivamente, se ponga en juego todo nuestro restante ser —que es también cosa en sí, es decir, ha de pertenecer a la esencia verdadera del mundo y por consiguiente llevar en sí de alguna manera la solución de todo enigma— a fin de buscar ayuda en él? Es igual que los antiguos alemanes, que se jugaban su propia persona cuando lo habían perdido todo. Mas la única forma correcta y objetivamente válida de llevar eso a cabo es captar el hecho empírico de una voluntad que se manifiesta en nuestro interior e incluso constituye su única esencia, y aplicarla para explicar el conocimiento objetivo externo, tal y como yo lo he hecho. En cambio, la vía del iluminismo no conduce a la meta debido a las razones antes indicadas.