Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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La segunda consideración metafísica originada por aquella cosmogonía es justamente que una explicación física del nacimiento del mundo de tan gran alcance no puede nunca, sin embargo, suprimir la exigencia de una explicación metafísica u ocupar su lugar. Al contrario: cuanto más lejos hemos llegado en el descubrimiento del fenómeno, con mayor claridad notamos que se trata simplemente de él y no del ser de las cosas en sí mismas. Con ello se anuncia la necesidad de una metafísica como contrapeso de aquella física de tan largo alcance. Pues todos los materiales de los que se construyó aquel mundo ante nuestro entendimiento son en el fondo otras tantas magnitudes desconocidas y se presentan directamente como los enigmas y problemas de la metafísica: en concreto, la esencia interior de aquellas fuerzas naturales cuya ciega acción construye aquí tan adecuadamente la estructura del mundo; luego, la esencia interior de los diferentes elementos químicos que actúan unos sobre otros, de cuya lucha, que Ampère ha descrito a la mayor perfección, ha nacido la índole individual de cada planeta; demostrar eso en sus huellas es tarea de la geología; por último, la esencia interior de la fuerza que se manifiesta al final como organizadora y en la superficie externa de los planetas origina como un aliento o como un moho la vegetación y la animalización; con esta última aparece la conciencia y por lo tanto el conocimiento, que es a su vez la condición de todo el proceso desarrollado hasta aquí; porque todo lo que lo conforma existe solamente para él y en él, y no tiene realidad más que con relación a él; de hecho, los procesos y cambios mismos no podrían presentarse más que en virtud de sus formas peculiares (tiempo, espacio, causalidad), así que solo existen de manera relativa, para el intelecto.


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