Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Si con estos profundos conceptos fundamentales de la ética oriental comparamos ahora las famosas y mil veces repetidas virtudes cardinales platónicas: justicia, valentía, templanza y sabiduría, encontramos que estas han sido elegidas sin un claro concepto fundamental que sirva de guía y, por lo tanto, de manera superficial, siendo incluso en parte manifiestamente falsas. Las virtudes han de ser cualidades de la voluntad: pero la sabiduría pertenece ante todo al intelecto. La σωφροσύνη, que en Cicerón se traduce por temperantia y en nuestra lengua por «templanza», es una expresión imprecisa y equívoca con la que se pueden entender muy diversas cosas — como sensatez, sobriedad, no desanimarse: probablemente viene de σώον εχειν το φρονεΐν[213] o, como afirma el escritor Hieracas en Stobeo, Florileginm, cap. 5, § 60 (vol. 1, p. 134 Gaisf.): ϊαύτην την αρετήν σωφροσύνην έκάλεσαν, σωτηρίαν ούσαν φρονησεως[214]. La valentía no es una virtud, si bien a veces es una sirviente o un instrumento de ella: pero está igual de dispuesta a servir a la mayor indignidad: en realidad es una cualidad del temperamento. Ya Geulinx (Ethica, in praefatione) rechazó las virtudes cardinales platónicas y estableció estas: diligentia, obedientia, justitia, humilitas; — claramente malo. Los chinos nombran cinco virtudes cardinales: compasión, justicia, cortesía, ciencia y sinceridad (Journ, Asiatique, vol. 9, p. 62). En su libro China (London 1841, p. 197) Samuel Kidd las llama benevolence, righteousness, propriety (urbanidad), wisdom and sincerity, y ofrece un detallado comentario de cada una. — El cristianismo no tiene virtudes cardinales sino virtudes teologales: fe, esperanza y caridad[215].