Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II En cambio, si se mira hacia dentro, se descubre ante todo que cada individuo solo se interesa inmediatamente por sà mismo y hasta se preocupa más por sà que por todo lo demás en conjunto; — lo cual se debe a que solo se conoce a sà mismo inmediatamente, mientras que todo lo demás lo conoce de forma mediata. Si además añadimos que los seres conscientes y cognoscentes no son en absoluto pensables más que como individuos y los seres inconscientes solo tienen una existencia a medias, meramente mediata, entonces, toda existencia verdadera y auténtica recae en los individuos. Y si finalmente recordamos que el objeto está condicionado por el sujeto; que, por consiguiente, aquel inmenso mundo externo tiene su existencia exclusivamente en la conciencia de seres cognoscentes; y que, por lo tanto, está ligado a la existencia de los individuos, que son su soporte de forma tan clara que en este sentido puede ser considerado incluso una mera dotación, un accidente de la conciencia siempre individual: — si, como digo, tenemos todo eso a la vista, llegaremos a la opinión de que solamente la filosofÃa dirigida hacia dentro, que parte del sujeto como lo inmediatamente dado, es decir, la filosofÃa moderna a partir de Descartes, está en el recto camino, por lo que los antiguos han pasado por alto la cuestión principal. Mas la completa convicción al respecto no se obtendrá hasta que, profundizando en sà mismo, uno se haga consciente del sentimiento de originalidad que 18 habita en todo ser cognoscente. E incluso más que eso. Cada uno, aun el hombre más insignificante, se encuentra en su conciencia simple como el más real de todos los seres y conoce necesariamente en sà mismo el verdadero centro del mundo y hasta la fuente original de toda realidad. ¿Y esa conciencia originaria ha de mentir? Su expresión más enérgica son las palabras de la Upanishad: hae omnes creaturae in totum ego sum, et praeter me ens aliud non est, et omnia ego creata feei[40] (Oupnekh. I, p. 122), que supone el tránsito al iluminismo y al misticismo. Este es, pues, el resultado de la consideración orientada hacia el interior; mientras que la dirigida hacia fuera nos hace ver un montón de cenizas como el fin de nuestra existencia[41].