Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Esto es, desde luego, una deducción per impossibile, a la que con el mismo derecho se puede oponer que si algún ser, aun el más insignificante, fuera totalmente aniquilado, en él y con él sucumbiría todo el mundo. En este sentido dice el místico Angel Silesio:
Yo sé que sin mí Dios no puede vivir ni un instante:
Si yo soy aniquilado, El ha de perecer necesariamente[235].
Pero para poder atisbar en alguna medida también desde el punto de vista empírico esa verdad, o al menos la posibilidad de que nuestro propio yo pueda existir en otros seres cuya conciencia está separada y es distinta de la nuestra, podemos recordar a los sonámbulos magnéticos, cuyo yo idéntico, una vez despiertos, no sabe nada de lo que ha dicho, hecho y experimentado en el instante anterior. Así pues, la conciencia individual es un punto tan fenomenal que incluso en el mismo yo pueden nacer dos conciencias de las que una no sabe nada de la otra.