Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II En general la monarquía es la forma de gobierno natural al hombre, casi igual que lo es a las abejas y las hormigas, a las grullas viajeras, a los elefantes nómadas, a los lobos reunidos para las rapiñas y a otros animales que ponen a un individuo a la cabeza de su empresa. Del mismo modo, toda empresa arriesgada del hombre, cualquier campaña militar o travesía marítima tiene que obedecer a un comandante: siempre ha de ser una sola la voluntad rectora. Incluso el organismo animal está construido monárquicamente: el cerebro es el guía y director exclusivo, el ηγεμονικόν[262]. Aunque el corazón, los pulmones y el estómago contribuyen mucho más a la permanencia del conjunto, no por ello pueden esos provincianos guiar ni dirigir: eso es asunto exclusivo del cerebro y tiene que arrancar de un solo punto. Incluso el sistema planetario es monárquico. En cambio, el sistema republicano es tan antinatural al hombre como perjudicial para la superior vida del espíritu, es decir, para las artes y las ciencias. En consonancia con todo ello encontramos que en toda la Tierra y en todo tiempo los pueblos, sean civilizados o salvajes, o bien se hallen en un estadio intermedio, se gobiernan en monarquía.
0ΰκ αγαθόν πολυκοιρανιη, εις κοιρανος έστω,
Εις βασιλεύς[263].