Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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Si nos imaginamos un ser que conociera, comprendiera y viera todo, para él probablemente no tendría ningún sentido la pregunta de si permanecemos tras la muerte; porque, más allá de nuestra actual existencia temporal e individual, la permanencia y el cese dejarían de tener significado y serían conceptos indiscernibles; según ello, ni el concepto de la permanencia ni el de la muerte encontrarían aplicación a nuestro ser auténtico y verdadero, o a la cosa en sí que se presenta en nuestro fenómeno, ya que son conceptos tomados del tiempo, que es la simple forma del fenómeno. — Sin embargo, no podemos pensar el carácter indestructible de aquel núcleo de nuestro fenómeno más que como una permanencia del mismo y, por cierto, según el esquema de la materia en cuanto aquello que permanece en el tiempo bajo todos los cambios de las formas. — | Si se le niega esa permanencia, entonces vemos nuestro fin temporal como una aniquilación, de acuerdo con el esquema de la forma que desaparece cuando se le quita la materia que la soporta. No obstante, en ambos casos se trata de una μετάβασις εις άλλο γένος[283], en concreto, de una transposición de las formas del fenómeno a la cosa en sí. Pero apenas nos podemos formar ni siquiera un concepto abstracto de una indestructibilidad que no fuera una permanencia; porque nos falta toda intuición para ilustrarlo.


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