Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Que la existencia humana ha de ser una especie de error se desprende suficientemente de observar que el hombre es una concreción de necesidades cuya satisfacción, difÃcil de lograr, no le garantiza más que un estado indoloro en el que queda entregado al aburrimiento, el cual demuestra entonces directamente que la existencia en sà misma carece de valor: pues no es sino la sensación de su vacuidad. En efecto, si la vida, en cuyo anhelo consiste nuestra esencia y existencia, tuviera en sà misma un valor positivo y un contenido real, no podrÃa existir el aburrimiento sino que la mera existencia en sà misma tendrÃa que llenarnos y satisfacernos. Pero nosotros no estamos contentos de nuestra existencia de otra forma que aspirando a algo, y entonces la lejanÃa y los obstáculos hacen creer que el fin es satisfactorio —ilusión esta que desaparece tras alcanzarlo—; o bien dedicándonos a una ocupación puramente intelectual en la que en realidad nos salimos de la vida para considerarla desde fuera, igual que espectadores en los palcos. Incluso el placer sensible consiste en una incesante aspiración y cesa tan pronto como se ha alcanzado su fin. Siempre que no nos encontremos incluidos en uno de ambos casos sino que seamos remitidos a la existencia misma, somos transportados por su vacÃo y nihilidad, — y eso es el aburrimiento. — Incluso la ávida e indestructible tendencia que hay en nosotros a buscar lo prodigioso indica que nos gusta ver interrumpido el aburrido orden natural en el curso de las cosas. — Tampoco la pompa y el esplendor de los grandes hombres son más que un vano esfuerzo por superar la esencial miseria de nuestra existencia. ¿Pues qué son, vistos a la luz, las piedras preciosas, las perlas, las plumas y el terciopelo rojo junto con muchas velas, bailarines y cantantes, disfraces y desfiles de máscaras, etc.? — Hasta el presente ningún hombre se ha sentido aún completamente feliz; pues habrÃa estado ebrio.