Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Por consiguiente, no solo lo inorgánico sino también la planta es incapaz de sentir dolor, por muchos obstáculos que la voluntad pueda sufrir en ambos. En cambio, todo animal, incluso un infusorio, padece dolor, ya que el conocimiento, por imperfecto que sea, es el verdadero carácter de la animalidad. En consecuencia, con su ascenso en la escala de la animalidad crece también el dolor. En los animales inferiores es aún muy pequeño: a eso se debe que, por ejemplo, los insectos sigan devorando mientras llevan arrastrando la parte posterior de su cuerpo que se les ha cortado y que llevan colgando de un intestino. Pero ni siquiera en los animales superiores se aproxima el dolor al del hombre, debido a la ausencia de conceptos y de pensamiento. La capacidad para él solo podÃa alcanzar su culmen allá donde, en virtud de la razón y su reflexión, existe también la posibilidad de negar la voluntad. Pues sin esta, tal capacidad habrÃa sido una crueldad inútil.