Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Pero contra esa visión del mundo como la lograda obra de un ser omnisciente, de infinita bondad y omnipotente claman, por un lado, la miseria de la que está lleno y, por otro, la manifiesta imperfección e incluso la burlesca desfiguración del más perfecto de sus fenómenos: el humano. Aquí se encuentra la disonancia imposible de resolver. En cambio, precisamente aquellas instancias concordarán con nuestro discurso y servirán como prueba del mismo, si concebimos el mundo como la obra de nuestra propia culpa y, por tanto, como algo que mejor sería que no existiera. Mientras que bajo aquel primer supuesto esas instancias se convierten en una amarga acusación contra el creador y ofrecen materia de sarcasmo, bajo el otro aparecen como una acusación contra nuestro propio ser y voluntad, apropiada para humillarnos. Pues ellas nos llevan a comprender que nosotros, como hijos de padres negligentes, hemos llegado al mundo cargados ya de deudas, y que solamente porque hemos de pagar continuamente esa deuda con nuestro trabajo es por lo que nuestra existencia resulta tan miserable y tiene como fin la muerte. Nada es más cierto que el hecho de que, hablando en general, es el grave pecado del mundo lo que causa el mucho y gran sufrimiento del mundo; con lo que no nos referimos aquí a la conexión empírica, física, sino a la metafísica. De acuerdo con esta opinión, la historia del pecado original es lo único que me reconcilia con el Antiguo Testamento: e incluso es, en mi opinión, la única verdad metafísica, aunque con ropaje alegórico, que aparece en él. Pues a nada se parece tanto nuestra existencia como a la consecuencia de una falta y de una apetencia punible. No puedo por menos de recomendar al lector reflexivo una consideración de Claudius acerca de este tema, de carácter popular pero muy entrañable, y que pone de manifiesto el espíritu esencialmente pesimista del cristianismo: se encuentra en la cuarta parte de El mensajero de Wandsbecker bajo el título «Maldito sea el campo por causa tuya».