Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Si en la concepción del mundo partimos de la cosa en sÃ, de la voluntad de vivir, encontramos que su núcleo, su máxima concentración, es el acto genésico: este se presenta entonces como lo primero, el punto de partida: es el punctum saliens del huevo del mundo y la cuestión fundamental. ¡Qué contraste se da, en cambio, cuando se parte del mundo empÃrico dado como fenómeno, del mundo como representación! AquÃ, en efecto, cada acto se presenta como algo totalmente individual y especial, de importancia secundaria, incluso como una cuestión accesoria disimulada y encubierta que se introduce furtivamente, una anomalÃa paradójica que da frecuente materia de risa. Pero también podrÃa parecemos que el diablo hubiera querido ocultar ahà su juego: pues el coito son sus arras, y el mundo, su reino. ¿No hemos notado que illico post coitum cachinnus auditur Diaboli[330]? Lo cual, expresado con seriedad, se debe a que el deseo sexual, sobre todo cuando se concentra en el enamoramiento por la fijación en una mujer determinada, es la quintaesencia de toda la estafa de este elegante mundo, ya que promete una cantidad tan inexpresable, infinita y exagerada, y cumple una tan miserablemente pequeña.—