Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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(Pues tú eres como aquel que, sufriéndolo todo, no sufriera nada.)

Y esto se ha de entender porque tal individuo, al conocer su propia esencia también en los demás y participar así de su destino, casi siempre ve a su alrededor una suerte aún más dura que la suya propia; de ahí que no pueda llegar a quejarse de esta. En cambio, un innoble egoísta que limita toda la realidad a sí mismo y ve a los demás como meras larvas y fantasmas no participa en el destino de estos sino que dirige todo su interés al suyo; lo cual tiene como consecuencia una gran sensibilidad y quejas frecuentes.

Precisamente aquel reconocerse a sí mismo en el fenómeno ajeno, del que, como a menudo he demostrado, surgen ante todo la justicia y la caridad, conduce finalmente a la renuncia de la voluntad; porque los fenómenos en los que esta se presenta se encuentran en un estado tan claro de sufrimiento, que quien extiende su yo a todos ellos no puede seguir queriendo; — del mismo modo que uno que compre todos los billetes de lotería ha de sufrir necesariamente una gran pérdida. La afirmación de la voluntad supone limitar la autoconciencia al propio individuo y cuenta con la posibilidad de recibir una vida favorable de manos del azar.


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