Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II El coito es principalmente asunto del hombre; el embarazo es exclusivo de la mujer. El hijo recibe del padre la voluntad, el carácter; de la madre, el intelecto. Este es el principio que libera; la voluntad, el que ata. El signo de la continua existencia de la voluntad de vivir en el tiempo, pese al incremento de la iluminación del entendimiento, es el coito: el signo de la luz del conocimiento que, en su grado máximo de claridad, vuelve a acompañar a esa voluntad abriéndole la posibilidad de la salvación, es la renovada encarnación humana de la voluntad de vivir. La señal de esta es el embarazo, que por eso camina franco y sincero, hasta orgulloso, mientras que el coito se esconde como un criminal.