Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Algunos Padres de la Iglesia han enseñado que incluso la cohabitación conyugal está permitida solo cuando se practica con el único fin de la procreación de los hijos, έπι μονή παιδοποιΐα[331], como dice Clemens Alex. Strom.[ata] II, c. 11. (Los pasajes al respecto se encuentran recopilados en PE. Lind, De caelibatu Christianorum, c. 1). Clemens Alex. Strom.[ata] III, c. 3 atribuye esa opinión a los pitagóricos. No obstante, esta es, tomada con exactitud, errónea. Pues cuando el coito no se quiere ya por sí mismo, ha aparecido la negación de la voluntad de vivir y entonces la propagación del género humano resulta superflua y vacía de sentido, en la medida en que el fin se ha alcanzado ya. Además, traer un hombre al mundo sin pasión subjetiva, sin voluptuosidad y sin ímpetu físico, simplemente por pura reflexión y fría intención, con el fin de que exista en él, sería una acción muy delicada desde el punto de vista moral, que muy pocos asumirían y de la que quizás alguno podría decir que es a la procreación por mero impulso sexual lo que el asesinato premeditado a sangre fría al homicidio en un ataque de ira.