Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II El que a través de tales consideraciones tenga presente lo necesarios que en la mayoría de los casos son para nuestra salvación la necesidad y el sufrimiento, sabrá que no deberíamos envidiar a los demás tanto por su felicidad como por su infelicidad.
Por la misma razón, también el ánimo estoico que desafía al destino es, ciertamente, una buena coraza contra los sufrimientos de la vida y sirve para soportar mejor el presente: pero se opone a la verdadera salvación. Pues esconde el corazón. ¿Y cómo habría de mejorar este a través de los sufrimientos si, rodeado de un anillo de piedra, no los siente? — Por lo demás, no es muy infrecuente un cierto grado de estoicismo. A menudo puede ser afectado y reducirse al bonne mine au mauvais jeu[336]: sin embargo, cuando no es disimulado, la mayoría de las veces nace de una simple insensibilidad, de una falta de energía, de vivacidad, de emoción y de fantasía, cualidades estas que son necesarias incluso para una gran pesadumbre. A esta clase de escepticismo son especialmente favorables la flema y la lentitud de los alemanes.