Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Demófeles. El hecho de que el resultado no haya correspondido siempre a la pureza y corrección de la teoría puede deberse a que esa teoría ha sido demasiado noble, excesivamente elevada para la humanidad, con lo que a esta se le había puesto la meta demasiado alta: seguir la moral pagana era, desde luego, más fácil, igual que ocurre con la mahometana. Pero es precisamente lo más sublime lo que siempre está más expuesto al abuso y el fraude: abussus optimi pessimus[367]: de ahí que de vez en cuando también aquellas elevadas doctrinas hayan servido de excusa a las más atroces prácticas y a verdaderas fechorías. — Pero el hundimiento de las antiguas instituciones estatales, como también de las artes y las ciencias del mundo antiguo, se ha de imputar, como se ha dicho, a la penetración de los bárbaros extranjeros. Era inevitable que después la ignorancia y la rudeza alcanzaran la supremacía y, como consecuencia de ello, la violencia y el engaño se apoderasen del gobierno, de modo que los caballeros y los curas lanzaran una carga sobre la humanidad. No obstante, en parte se puede explicar también porque la nueva religión enseñaba a buscar la felicidad eterna en lugar de la temporal, prefería la sencillez de corazón al saber de la inteligencia y era contraria a todos los placeres terrenales, a los que de hecho también servían las ciencias y las artes. Sin embargo, en la medida en que estas últimas se hicieron útiles a la religión, fueron fomentadas y alcanzaron un cierto florecimiento.