Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II El especial epíteto λιγΰφωνοι[461] que Hesiodo atribuye a las Hespérides en dos pasajes de la Teogonia (vv. 275 et 518), unido a sus nombres y su morada en el lejano atardecer, ha suscitado en mí la extraña idea de si en alguna forma lo que se entendía por el nombre de Hespérides eran murciélagos. En efecto, aquel epíteto cuadra muy bien con el sonido breve y silbante de esos animales[462], que además mejor se llamarían εσπερίδες que νυχτερίδες[463], ya que vuelan más al atardecer que por la noche —porque salen a la caza de los insectos— y εσπερίδες es directamente el latín vespertiliones[464]. Por eso no he podido reprimir la ocurrencia, ya que es posible que al hacer que se observe alguien encontrara algo que la confirmara. Si los querubines son bueyes con alas, ¿por qué las Hespérides no habrían de ser murciélagos? Quizá sean Alcitoe y sus hermanas, que en las Metamorfosis de Ovidio (IV, 391 ss.) son convertidas en murciélagos.
Los estudios nocturnos de los eruditos pueden haber sido la causa de que la lechuza fuera el ave de Atenea.
No carece de razón ni sentido que en el mito Cronos devore y digiera piedras: pues el tiempo es lo único que digiere lo que en otro caso es indigerible: toda aflicción, disgusto, pérdida o agravio.