Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Así pues, el conocimiento se vuelve aquí infiel a su origen: la voluntad. El intelecto, que ha surgido exclusivamente para el servicio de la voluntad y en casi todos los hombres se mantiene fiel a él, siendo así que su vida queda absorbida en ese uso del mismo y en su beneficio; el intelecto, digo, es utilizado abusive en todas las artes y ciencias libres: y en ese uso se asientan los progresos y el honor del género humano. — Por otra vía puede incluso volverse contra la voluntad: cuando la suprime, en el fenómeno de la santidad.
Por lo demás, aquella captación puramente objetiva del mundo y de las cosas que, en cuanto conocimiento primigenio, está en la base de toda concepción artística, poética y puramente filosófica es simplemente transitoria tanto por razones objetivas como subjetivas; porque, por una parte, la tensión que para ella se requiere no puede perdurar y, por otra, el curso del mundo no permite que, como el filósofo según la definición de Pitágoras, nos quedemos en ella a modo de espectadores tranquilos y desinteresados, sino que cada uno tiene que actuar en el gran teatro de marionetas de la vida y casi siempre siente el hilo que lo conecta a ella y lo pone en movimiento.