Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Pero dado que el intelecto ha surgido de la voluntad, y por eso se presenta objetivamente como cerebro, es decir, como una parte del cuerpo que es la objetivación de la voluntad; y puesto que, en consecuencia, el intelecto está destinado en su origen al servicio de la voluntad, su actividad natural es del tipo antes descrito: él permanece fiel a aquella forma natural de sus conocimientos expresada por el principio de razón y es puesto y mantenido en acción por la voluntad, el principio originario del hombre. Por el contrario, el conocimiento del segundo tipo es una actividad no natural, abusiva: por consiguiente, tiene como condición una preponderancia claramente anómala, y por lo tanto muy infrecuente, del intelecto y su fenómeno objetivo —el cerebro— sobre el resto del organismo y por encima de la proporción requerida por los fines de la voluntad. Precisamente porque ese predominio del intelecto es anómalo, los fenómenos que de él surgen recuerdan a veces a la locura.