Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II En la expresión el yo se halla un concepto introducido subrepticiamente por Fichte y habilitado desde entonces. En efecto, a través de la forma sustantiva y el artículo antepuesto, lo que es esencial y absolutamente subjetivo queda aquí transformado en objeto. Pues en realidad «yo» designa lo subjetivo en cuanto tal, que por lo tanto nunca puede devenir objeto; es decir, lo cognoscente en oposición y como condición de todo lo conocido. Eso lo ha expresado la sabiduría de todos los lenguajes al no tratar la palabra «yo» como sustantivo: precisamente por eso Fichte tuvo que violentar el lenguaje para lograr su propósito. Una subrepción aún más osada de ese Fichte es el desvergonzado abuso que ha ejercido con la palabra poner [Setzen] y que, en vez de ser censurado y abucheado, aún hoy en día sigue siendo de uso frecuente entre casi todos los filosofastros como un recurso corriente para sofismas y doctrinas engañosas, siguiendo su precedente y basándose en su autoridad. Poner, ponere, de donde viene propositio, es de antiguo una expresión puramente lógica que significa que en la conexión lógica de una disputa o de cualquier otra deliberación se asume algo de antemano, se supone, se afirma, así que se le concede provisionalmente validez lógica y verdad formal, — con lo que su realidad, su verdad material y su efectividad no son mencionadas ni decididas en absoluto y permanecen dudosas. Pero Fichte fue dando subrepticiamente a ese poner un significado real, aunque naturalmente oscuro y nebuloso, que los tontos admitieron y los sofistas utilizan de continuo: desde entonces, en efecto, el yo se ha puesto primero a sí mismo y luego al no-yo; poner significa lo mismo que crear, producir, en suma, poner en el mundo no se sabe cómo; y todo lo que uno quiera aceptar sin razones como existente y cargárselo a otros es justamente puesto y entonces está ahí, plenamente real. Ese es el método aún vigente de la llamada filosofía postkantiana, y es obra de Fichte.