Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Pues los dones poéticos pertenecen a los días festivos de la vida, no a los laborables. Aunque deban sentirse constreñidos y obstaculizados por una actividad profesional que el poeta ejerce al mismo tiempo, pueden sin embargo desarrollarse, ya que el poeta no necesita adquirir grandes conocimientos ni ciencia, como es el caso del filósofo; de hecho, de ese modo se condensan, al igual que se diluyen cuando se disfruta de mucho ocio y se cultivan ex professo. En cambio, el filósofo, por la razón indicada, no puede ejercer otra actividad al mismo tiempo: pero dado que ganar dinero con la filosofía tiene unos grandes y conocidos inconvenientes de otro tipo, debido a los cuales los antiguos hicieron de ello el rasgo característico del sofista en oposición al filósofo, hay que elogiar a Salomón cuando dice: «Buena es la sabiduría con herencia, y ayuda a que uno pueda alegrarse del sol» (Eclesiastés 7, 12)[474].
El hecho de que tengamos clásicos de la Antigüedad, es decir, espíritus cuyos escritos recorren los milenios sin que aminore su brillo de juventud, se debe en gran parte a que entre los antiguos escribir libros no era una profesión: solamente de ahí se puede inferir que junto a los buenos escritos de esos clásicos no haya también otros malos; porque ellos, a diferencia de hasta los mejores de los modernos, cuando se había evaporado el espíritu del vino no llevaban la flema al mercado para conseguir dinero con ella.