Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II El título de la obra de Dante es muy original y acertado, y apenas cabe dudar de que sea irónico. ¡Una comedia! A decir verdad, eso sería el mundo: una comedia para un Dios cuya insaciable sed de venganza y estudiada crueldad se cebarían, en el último acto, en el tormento sin objeto ni fin de los seres a los que ociosamente ha llamado a la existencia; porque no habrían resultado de su gusto y por eso en su corta vida habrían actuado o creído de forma distinta a la que a él le agradaba. Por lo demás, y comparados con su inaudita crueldad, los crímenes tan duramente castigados en el inferno no merecen que se hable de ellos; de hecho, él mismo sería mucho peor que todos los demonios que encontramos en el infierno; pues estos solamente actúan por orden suya y en virtud de su omnipotencia. Por eso el padre Zeus agradecerá el honor de ser identificado con él sin cumplidos, como extrañamente ocurre en algunos pasajes (por ejemplo, c. 14, v. 70 ye. 31, v. 92), llegando incluso a lo ridículo en el Purgatorio, c. 6, v. 118: o sommo Giove, Che fosti in terra per noi crocifisso[481]. ¿Qué diría Zeus a eso? — ’Ώ πόποι[482]! Claramente repugnante es también el sometimiento, al estilo de los esclavos rusos, que muestran Virgilio, Dante y todos los que están a las órdenes de ese Dios, así como la temblorosa obediencia con la que son oídos siempre sus decretos. En el capítulo 33, versos 109 a 150, esa mentalidad de esclavo es llevada por Dante en su propia persona hasta el punto de que se hace culpable de una total falta de honor y conciencia en un caso que él mismo cuenta jactándose de ello. En efecto, el honor y la conciencia dejan de tener validez tan pronto como interfieren de algún modo con las crueles resoluciones del Domeneddio: por eso, para conseguir una declaración, hace aquí la promesa firme y solemne de derramar una gotita de alivio en el tormento de una tortura ideada por aquel y cruelmente ejecutada; y una vez que el torturado ha cumplido la condición que se le puso, Dante rompe abierta y atrevidamente su promesa sin honor ni conciencia alguna, in majorem Dei gloriam[483]; porque, aunque no se le haya prohibido expresamente, él considera absolutamente ilícito aliviar en lo mínimo una pena impuesta por aquel, aun cuando se trate, como aquí, de pasarle por encima una fría lágrima; así que no lo hace, por muy solemnemente que lo hubiera prometido y encomiado un instante antes. Puede que en el cielo tales cosas sean costumbre y merezcan elogio; no lo sé: pero en la Tierra a quien obra así se le considera un infame. — Dicho sea de paso, aquí se ve lo precaria que es cualquier moral que no tenga más base que la voluntad de Dios; porque entonces el mal se puede convertir en bien y el bien en mal con la misma rapidez con que se invierten los polos de un electromagneto. — Todo el inferno de Dante es en realidad una apoteosis de la crueldad; y aquí, en el penúltimo canto, la falta de honor y de conciencia sigue siendo ensalzada de la forma que se ha mencionado: