Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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En el general mal gusto de esta época se incluye también que en los monumentos que se erigen a los grandes hombres estos son representados con ropas modernas. Pues el monumento se erige a la persona ideal y no a la real; al héroe en cuanto tal, al portador de esta o aquella cualidad, al autor de tal acción u obra, y no al hombre que una vez pasó por el mundo afectado de todas las debilidades y defectos que van unidos a nuestra naturaleza: y así como no se debe rendir tributo a estos, tampoco a la chaqueta y los pantalones que llevaba. En cuanto hombre ideal está ahí en figura humana y vestido simplemente a la usanza de los antiguos, es decir, medio desnudo. Y solo así es adecuado para la escultura que, ordenada a la mera forma, exige que la forma humana esté completa y sin atrofia alguna.

Y puesto que hablo de los monumentos, quisiera aún observar que es un mal gusto manifiesto y hasta un verdadero absurdo poner la estatua en un pedestal de entre diez y veinte pies de alto, es decir, donde nadie la puede ver jamás con claridad, sobre todo cuando por lo regular es de bronce, o sea, de color ennegrecido: pues vista de lejos no se la aprecia claramente: si nos acercamos, entonces se eleva tan alto que le queda de fondo el claro cielo cegando la vista.



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