Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Con esto concuerda incluso el hecho de que también en las conversaciones los pensamientos de la mayorÃa de los hombres estén recortados tan pequeños como la paja, por lo que no se puede tramar con ellos un largo hilo.
Si este mundo estuviera poblado de seres verdaderamente pensantes, serÃa imposible que el ruido de todas clases estuviera permitido y liberalizado de forma tan ilimitada como lo está incluso el más horroroso e inútil. — Pero si la naturaleza hubiera destinado al hombre a pensar, no le habrÃa dado oÃdos, o al menos, como en el caso de los murciélagos, a los que envidio por eso, los habrÃa dotado de válvulas de cierre herméticas. Pero en verdad él es, como los demás, un pobre animal cuyas fuerzas están calculadas exclusivamente para el sostenimiento de su existencia; y por eso necesita siempre oÃdos abiertos que, aun espontáneamente, le anuncien noche y dÃa la proximidad del perseguidor.