Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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La auténtica brevedad de la expresión consiste en decir siempre únicamente lo que vale la pena decir y, en cambio, evitar toda discusión prolija de lo que cada cual puede pensar por sí mismo, diferenciando correctamente lo necesario y lo superfluo. Sin embargo, nunca se debe sacrificar la claridad, por no hablar de la gramática, en aras de la brevedad. Es una lamentable irracionalidad debilitar la expresión de un pensamiento, o incluso oscurecer o atrofiar el sentido de un periodo, por ahorrar algunas palabras. Pero esa es precisamente la práctica de aquellas falsas abreviaturas que hoy en día está en boga y que consiste en omitir lo útil y hasta lo necesario desde el punto de vista gramatical o lógico. En Alemania los malos escritores de la época actual han sido poseídos por ella como por una manía, y la ejercitan con una increíble irracionalidad. No solo se trata de que para ahorrarse una palabra y matar dos pájaros de un tiro se sirvan de un verbo o un adjetivo en varios periodos diferentes al mismo tiempo incluso en distintos sentidos, de modo que hay que leer todos los periodos sin comprenderlos y como avanzando a tientas en la oscuridad, hasta que por fin llega la palabra clave y se nos hace la luz; sino que además, a través de muchos otros ahorros de palabras totalmente inadecuados, intentan producir lo que su simpleza piensa que es brevedad de la expresión y concisión del estilo. Así, con la omisión económica de una palabra que de una vez habría arrojado luz sobre un periodo, convierten este en un enigma que se intenta esclarecer con una lectura reiterada. En especial están proscritas en ellos las partículas «si» [w enn] y «entonces» [so], que siempre tienen que ser sustituidas anteponiendo el verbo, sin la necesaria discriminación, demasiado sutil para mentes de su clase, de cuándo es adecuado ese giro y cuándo no; de ahí resulta a menudo no solo una rigidez y afectación de mal gusto sino también una incomprensibilidad. Afín a eso es una falta gramatical hoy en día generalmente apreciada, que se puede mostrar mejor en un ejemplo: para decir «si viniera a mí le diría», etc., las nueve décimas partes de los emborronadores de tinta actuales dicen: «si vendría a mí, le dijera[572]», etc.; lo cual no solo es torpe sino falso; porque en realidad solo un periodo interrogativo puede comenzar con würde, y una frase condicional, a lo sumo, solo en presente pero no en futuro. Pero su talento en la brevedad de la expresión no les lleva más allá de contar las palabras y pensar artimañas para eliminar algo a toda costa, aunque sea una sílaba. Solamente en eso buscan la concisión del estilo y la sustancialidad de la exposición. En consecuencia, se apresuran a cortar cualquier sílaba cuyo valor lógico, gramatical o eufónico escape a su estupidez; y en cuanto un asno ha realizado semejante proeza, lo siguen otros cien que lo imitan con júbilo. ¡Y no hay oposición! No hay oposición a la estupidez, sino que cuando uno ha hecho una buena asnada los demás la admiran y corren a imitarla. Como consecuencia, en la década de 1840 los ignorantes emborronadores de tinta han proscrito por completo de la lengua alemana el perfecto y el pluscuamperfecto, sustituyéndolos siempre por el imperfecto en favor de la brevedad; de modo que ese es el único pretérito que queda en el lenguaje, a costa, no ya simplemente de toda sutil corrección o de toda la gramática de la frase; no, a menudo a costa de todo entendimiento humano, por cuanto de ahí nace un puro sinsentido. Por eso de entre todos los deterioros del lenguaje ese es el más vil, ya que ataca la lógica y con ella el sentido del discurso: es una infamia lingüística[573]. Apostaría a que en estos últimos diez años se encuentran libros completos en los que no aparece un solo pluscuamperfecto y quizá ni siquiera un perfecto. ¿Piensan realmente los señores que el imperfecto y el perfecto tienen el mismo significado y por tanto se pueden utilizar promiscué tanto el uno como el otro? — Si eso creen, habrá que conseguirles una plaza en Tertia[574]. ¿Qué habría sido de los autores antiguos si hubieran escrito con esa negligencia? Ese desafuero contra el lenguaje se practica casi sin excepción en todos los periódicos, y también en la mayoría de las revistas eruditas[575]; pues, como ya se mencionó, en Alemania todas las estupideces en la literatura y todas las impertinencias en la vida encuentran una multitud de imitadores, y nadie se atreve a ser independiente; porque, como no puedo ocultar, el Juicio no está en casa sino de visita en la del vecino. — Con la mencionada extirpación de aquellos dos importantes tiempos verbales un lenguaje se hunde hasta la categoría de lo más burdo. Poner el imperfecto en lugar del perfecto es un pecado no solo contra la gramática alemana sino contra la gramática general de todos los lenguajes. Por eso sería necesario que se instituyera una pequeña escuela lingüística para los escritores alemanes en la que se enseñara la distinción entre imperfecto, perfecto y pluscuamperfecto; luego, también la diferencia entre genitivo y ablativo; porque, de una forma cada vez más generalizada, este se pone en lugar de aquel sin ninguna preocupación; por ejemplo, se escribe das Leben von Leibnitz [la vida de Leibniz] y der Tod von Andreas Hofer [la muerte de Andreas Hofer] en lugar de Leibnitzes Leben, Hofers Tod, etc. ¿Cómo se tomaría en otros lenguajes semejante desliz? ¿Qué dirían, por ejemplo, los italianos si un escritor confundiera di y da (es decir, genitivo y ablativo)? Pero, dado que en francés ambas partículas están representadas por el confuso y romo «de», y el conocimiento de lenguas modernas que tienen los escritores de libros alemanes no suele pasar de un poco de francés, creen que pueden pegar aquella pobreza francesa al alemán y, como ocurre habitualmente con las estupideces, encuentran aprobación e imitadores[576]. Por la misma digna razón, y puesto que en francés la proposición pour, debido a la pobreza del idioma, ha de cumplir la función de cuatro o cinco preposiciones alemanas, nuestros descerebrados emborronadores de tinta ponen siempre für donde debería estar gegen, urn, auf u otra proposición, o bien ninguna, simplemente para imitar el pour pour francés; con lo que se llega al punto en que de cada seis veces que aparece la preposición, cinco está mal[577]. También el von en lugar de ans es un galicismo. Igualmente, locuciones como Diese Menschen, sie haben keine Urtheilskraft [Esos hombres, ellos no tienen Juicio] en lugar de Diese Menschen haben keine Urtheilskraft [Esos hombres no tienen Juicio] y, en general, la introducción de la pobre gramática de un patois[578] pegado con cola, como es el francés, en la lengua alemana, mucho más noble, es lo que constituye los perniciosos galicismos; y no, como piensan los cerriles puristas, la introducción de palabras extranjeras aisladas: estas son asimiladas y enriquecen el lenguaje. Casi la mitad de las palabras alemanas se pueden derivar del latín, si bien persiste la duda de qué palabras se han tomado realmente de los romanos y cuáles lo han sido de su antepasado, el sánscrito. — La escuela de lenguaje que he propuesto podría también plantear cuestiones de concurso; por ejemplo, aclarar la diferencia de sentido de estas dos preguntas: «sind Sie gestern im Theater gewesen?» [¿Han estado ayer en el teatro?] y «waren Sie gestern im Theater?» [¿Estuvieron ayer en el teatro?].


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