Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II El profundo dolor que provoca la muerte de cualquier ser amigo nace del sentimiento de que en cada individuo hay algo inexpresable, algo que le pertenece solo a él y que es, por tanto, irrecuperable. Omne individuum ineffabile[641]. Esto vale incluso del individuo animal; aquí quien más vivamente experimenta ese sentimiento es aquel que ha matado casualmente a un animal al que quería y entonces percibe su mirada de despedida, que le causa un dolor que le desgarra el corazón.
Puede ocurrir que lamentemos la muerte de nuestros enemigos y adversarios casi tanto como la de nuestros amigos, incluso después de poco tiempo; — en concreto, cuando los echamos de menos como testigos de nuestros brillantes éxitos.
