Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En casi todos los pueblos antiguos y modernos de la Tierra, incluso entre los hotentotes[684], las propiedades se legan únicamente a la descendencia masculina: Europa es el único lugar donde eso no ocurre, a excepción de la nobleza. — El hecho de que el patrimonio adquirido por los hombres a base de trabajo y fatiga grandes y continuados caiga después en manos de las mujeres, que en su insensatez lo gastan en el plazo de poco tiempo o bien lo despilfarran, es una iniquidad tan grande como frecuente, que se debería prevenir limitando el derecho hereditario de las mujeres. Me parece que la mejor disposición sería que las mujeres, bien como viudas o como hijas, heredaran solamente una renta que les estuviera asegurada hipotecariamente a lo largo de toda su vida, pero no las propiedades básicas o el capital; a no ser que no hubiera descendencia masculina. Los que ganan el patrimonio son los hombres, no las mujeres: de ahí que estas tampoco tengan derecho a su posesión incondicional, del mismo modo que no están capacitadas para administrarlo. Al menos las mujeres no deberían gozar nunca de libre disposición sobre el patrimonio heredado propiamente dicho, es decir, sobre los capitales, casas y fincas. Necesitan tener siempre un tutor; de ahí que no deban asumir en ningún caso posible la tutela de sus hijos. Lo malo de la vanidad de las mujeres, aun cuando no sea mayor que la de los hombres, es que se lanza sobre las cosas materiales, en concreto a su hermosura personal, y ante todo a los adornos, las galas y los trajes. Por eso la sociedad constituye su elemento propio. Eso hace que tiendan al despilfarro, sobre todo cuando tienen una exigua razón: por eso dijo ya un autor antiguo: Γυνή τό σΰνολόν έστι δαπανηρόν φύσει[685] (véase Brunck, Gnomici poetaegraeci, v. 115). La vanidad de los hombres, en cambio, suele dirigirse a ventajas no materiales, como el entendimiento, la erudición, la valentía, etc. —Aristóteles, en la Política, vol. II, c. 9, expone los grandes inconvenientes que provocó a los espartanos el haber concedido demasiado a las mujeres, ya que poseían herencia, dote y una gran libertad, y cómo eso contribuyó en buena medida a la caída de Esparta. — ¿Y acaso en Francia la creciente influencia de las mujeres desde la época de Luis XIII no tuvo la culpa de la progresiva corrupción de la Corte y el Gobierno, que dio lugar a la primera revolución y cuyas consecuencias han sido todas las revoluciones posteriores? En todo caso, una falsa situación de las mujeres, como la que encuentra su síntoma más llamativo en nuestro mundo de las damas, es un defecto fundamental del estado social cuya perniciosa influencia se ha de extender desde el corazón del mismo a todos sus ámbitos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker