Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II METÁFORAS, PARÁBOLAS Y FÁBULAS
El espejo cóncavo se puede emplear en muchas metáforas; por ejemplo, para compararlo con el genio, como antes hicimos, por cuanto también este concentra su fuerza en un lugar a fin de arrojar hacia fuera una imagen engañosa, pero embellecida, de las cosas, o en general para acumular la luz y el calor provocando efectos asombrosos. En cambio, el elegante enciclopedista se asemeja al espejo convexo, que justo por debajo de su superficie permite ver al mismo tiempo todos los objetos además de una imagen reducida del Sol, que lanza a todos en todas direcciones; mientras que el espejo cóncavo no actúa más que en una dirección y exige una posición determinada del observador.
En segundo lugar, también se puede comparar toda obra de arte auténtica con el espejo cóncavo, en la medida en que lo que realmente transmite no es su propia individualidad tangible, su contenido empírico, sino algo que se encuentra más allá, que no se puede asir con las manos sino más bien perseguir con la fantasía, porque constituye el verdadero espíritu de la cuestión, difícil de atrapar. Véase sobre este tema el capítulo 34, p. 407 [3.a ed., pp. 463 s.] del segundo volumen de mi obra principal.