Vidas imaginarias

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Los actores lo llevaron al Rideau Vert, en Shoreditch, donde tembló ante los accesos de rabia del pequeño comediante que echaba espuma al vociferar el papel de Jeronymo. Ahí se veía también al viejo rey Leir, con su barba blanca desgarrada, arrodillándose para pedir perdón a su hija Cordelia; un clown imitaba las locuras de Tarleton y otro envuelto con una sábana aterrorizaba al príncipe Amlet. Sir John Old-castle hacía reír a todo el mundo con su gran barriga, sobre todo cuando tomaba de la cintura a la patrona, la que le toleraba que arrugase el pico de su cofia y deslizase sus gordos dedos en la bolsa de bucarán que llevaba atada a su cintura. El Loco cantaba canciones que el Idiota no comprendía nunca y un clown con gorro de algodón pasaba la cabeza a cada momento por un agujero del telón, en el fondo del tablado, para hacer morisquetas. Había también un juglar con dos monos y un hombre vestido de mujer que, se le ocurría a Gabriel, se parecía a su madre Flum. Al terminar las obras, los despabiladores acudían para ponerle una toga de gros azul y gritaban que iban a llevarlo a Bridewell.






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