Vidas imaginarias
Vidas imaginarias La madre de Eróstrato era violenta y orgullosa. Nunca se supo cuál era su padre. Eróstrato declaró más tarde que era hijo del fuego. Su cuerpo estaba mareado, debajo de la tetilla izquierda, con una medialuna, que pareció arder cuando se lo torturó. Las que asistieron a su nacimiento predijeron que estaría sometido a Artermisa. Fue colérico y permaneció virgen. Su rostro estaba corroído por líneas obscuras y el tinte de su piel era negrusco. Desde la infancia le gustó pararse bajo el alto acantilado, cerca del Artemision. Miraba pasar las procesiones de ofrendas. Debido a que se ignoraba todo acerca de su raza, no pudo llegar a ser sacerdote de la diosa a la cual se creía consagrado. El colegio sacerdotal debió prohibirle varias veces la entrada a la nao donde esperaba descorrer el tejido precioso y pesado que velaba a Artemisa. Eso le inspiró odio y juró violar el secreto.