Vidas imaginarias
Vidas imaginarias Pues bien; los cuentos «desdeñosamente cortos» de Schwob están atinadamente salpicados de fantasmas con sombrero de tres picos, sin los cuales todo lo demás resultaría falaz, o por lo menos improbable.
Acaso fuera ése su camino para alcanzar a expresar su realidad tal como el admirado Stevenson había configurado la suya: «El realismo de Stevenson es perfectamente irreal y (…) por eso es todopoderoso. Stevenson no miró nunca las cosas sino con los ojos de su imaginación (…). Ya habíamos encontrado en muchos escritores el poder de realzar la realidad con el color de las palabras; yo no sé si podría encontrarse fuera de él imágenes que, sin la ayuda de las palabras, sean más violentas que las imágenes reales (…), son imágenes irreales, puesto que ningún ojo humano podría verlas en el mundo que conocemos. Y sin embargo son, hablando con propiedad, la quintaesencia de la realidad[2]».
Esto va por los detalles. Nos queda ahora la segunda clave, la de la tenuidad de la ironía y la en apariencia improcedente naturalidad, con ribetes de displicencia, con que se trata lo maravilloso y abominable.
