Vidas imaginarias

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Apenas hubo tocado tierra, después de haber descendido de manera bastante cómoda por uno de los caños de oro por donde desaguaba la gran terraza, cuando el palacio desapareció, y Sufrah estuvo solo en medio de la arena del desierto. No le quedaba siquiera una de las botellas de vino de África que había ido a buscar al sótano a pedido de la engañosa princesa. Desesperado, se sentó bajo el sol ardiente, y como sabía que la extensión de arena tórrida que lo rodeaba era infinita, se envolvió la cabeza con su capa y esperó la muerte. Ya no poseía ningún talismán; no le quedaba ningún perfume con el cual hacer fumigaciones; ni siquiera una varita movediza que pudiese señalarle una fuente profundamente oculta en la cual saciar su sed. La noche llegó, azul y cálida, pero que calmó un poco la inflamación de sus ojos. Entonces tuvo la idea de trazar en la arena una figura de geomancia y preguntar si estaba destinado a perecer en el desierto. Con sus dedos marcó las cuatro grandes líneas, compuestas por puntos, que están bajo la invocación del Fuego, del Agua, de la Tierra y del Aire, hacia la izquierda y hacia la derecha, del Mediodía, del Oriente, del Occidente y del Septentrión. Y en los extremos de esas líneas, agrupó los puntos pares e impares, a fin de componer la primera figura. Vio con alegría que era la figura de la Fortuna Mayor, de donde se seguía que escaparía del peligro, pues la primera figura había de ser colocada en la primera casa de astrología, que es la casa de aquel que pregunta. Y, en la casa que se llama «Corazón del cielo», volvió a encontrar la figura de la Fortuna Mayor, lo cual fue muestra de que triunfaría y que sería glorioso. Pero en la octava casa, que es la casa de la Muerte, fue a ubicarse la figura del Rojo, que anuncia la sangre o el fuego, lo cual es de presagio siniestro. Cuando hubo dispuesto las figuras en las doce casas, sacó de ellas dos testigos, y de éstos un juez, para asegurarse de que su operación estaba bien calculada. La figura del juez fue la de la Prisión, por donde supo que hallaría la gloria, con gran peligro, en un lugar cerrado y secreto.


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