Vidas imaginarias
Vidas imaginarias Asà le fue revelado a Dolcino el milagro de la mendicidad. Sin embargo, no entró en la orden, pues habÃa nacido en él una idea de su vocación más alta y más singular. Los hermanos lo llevaban por los caminos cuando iban de un convento a otro, de Bolonia a Módena, de Parma a Cremona, de Pistoya a Luca. Y fue en Pisa donde se sintió arrastrado por la verdadera fe. DormÃa en la cresta de un muro del palacio episcopal cuando lo despertó el sonido de una trompeta. Una multitud de niños que llevaban ramos y velas encendidas rodeaba en la plaza a un hombre salvaje que soplaba una trompeta de bronce. Dolcino creyó ver a San Juan Bautista. Aquel hombre tenÃa una barba larga y negra, iba vestido con un saco de cilicio obscuro, marcado con una ancha cruz roja, desde el cuello hasta los pies; alrededor de su cuerpo llevaba atada una piel de animal. Exclamó con voz terrible: Laudato et benedetto et glorificato sia lo Patre; y los niños lo repitieron en voz alta; después agregó: sia lo Fijo; y los niños también lo dijeron; después agregó: sia lo Spiritu Sancto; y los niños dijeron lo mismo después que él; después cantó con ellos: ¡Aleluya, aleluya, aleluya! Por fin, tocó la trompeta y se puso a rezar. Su palabra era áspera como el vino de la montaña, pero atrajo a Dolcino. Dondequiera que el monje del cilicio tocó la trompeta, Dolcino fue a admirarlo y deseó hacer su vida. Era un ignorante agitado por la violencia; no sabÃa nada de latÃn; para ordenar la penitencia gritaba: ¡Penitenzagite! Pero anunciaba de manera siniestra las predicciones de Merlin y de la Sibila y del abate JoaquÃn, que están en el Libro de las figuras; profetizaba que el Anticristo habÃa venido con la forma del emperador Federico Barbarroja, que su ruina estaba consumada, y que las Siete Ordenes pronto iban a levantarse contra él, según la interpretación de la escritura. Dolcino lo siguió hasta Parma, donde, inspirado, lo comprendió todo.