El anticuario
El anticuario Sea valiente —dijo ella—, quédese como invitado,
si es capaz, claro, de sostener la visión
de sábanas danzantes, de cadenas que tintinean.
Si es capaz, claro, de articular palabra
cuando el fantasma deambule alrededor de su cama,
si es capaz de preguntarle por qué abandonó su tumba,
entonces, con gusto, le enseñaré la estancia.
Historia real[96]
Llegaron al comedor, donde fueron recibidos con alegrÃa por la señorita Oldbuck.
—¿Dónde está la pequeña? —preguntó el anticuario.
—Sin duda, hermano, entre tanta conmoción, MarÃa no quiso escucharme y se fue al acantilado de Halket-head. ¿Acaso no la viste?
—¡Eh! ¿Qué has dicho, hermana? ¿La niña fue a Halket-head una noche como ésta? ¡Dios mÃo! ¡Las miserias de esta noche aún no han acabado!
—Espera, Monkbarns, siempre eres tan imperativo e impaciente…
—Basta de cháchara, mujer —exclamó el impaciente y agitado anticuario—. ¿Dónde está Mary?
—Donde deberÃas estar tú ahora mismo, Monkbarns. En la planta superior, al calor de la cama.
