El anticuario
El anticuario —Casi nunca entro en esta habitación —dijo—, y siempre me produce un sentimiento melancólico, por supuesto no por culpa de las niñerÃas que Grizzel le ha contado, sino por razones emotivas, algo que queda ya lejos. Es en momentos como éste, señor Lovel, cuando sentimos el paso del tiempo; los mismos objetos aparecen ante nosotros, las cosas inanimadas que mirábamos en la infancia, la impetuosa juventud y la intrigante madurez son permanentes e iguales, pero, cuando las miramos con la frialdad de la vejez, ¿es posible que, después del cambio sufrido en nuestro temperamento, nuestros objetivos, nuestros sentimientos, nuestro fÃsico, nuestros miembros y nuestra fuerza, sigamos siendo los mismos? ¿Acaso no nos produce cierta sorpresa mirar hacia atrás y vernos a nosotros mismos como seres distintos de lo que somos ahora? El filósofo, que apeló al Filipo embriagado de vino en oposición al Filipo sobrio, no pudo haber elegido a un juez tan distinto; es como si hubiese apelado al Filipo joven en oposición al Filipo viejo. No puedo dejar de conmoverme ante un sentimiento tan hermosamente expresado en un poema que tantas veces he oÃdo:
Mis ojos nublan lágrimas infantiles,
mi corazón está agitado,
pues en mis oÃdos resuenan
rumores de dÃas pasados.
Asà es cuando llega la vejez,
e incluso el más sabio entendimiento