El anticuario

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Capítulo XI


A veces cree que es el Cielo

el que estas maravillas envía:

otras veces que es la imaginación,

las reliquias dispersas del día.[109]

Tenemos que pedir a nuestros lectores que se dirijan a la sala de desayuno del señor Oldbuck, quien, despreciando los modernos brebajes del té y del café, estaba regalándose sustanciosamente, more majorum[110], con carne asada fría y un vaso de una especie de bebida llamada mum, una cerveza densa fabricada con trigo y hierbas amargas desconocida para las nuevas generaciones, excepto nominalmente por su aparición en las cuentas del Parlamento, donde aparece junto a la sidra, la perada y otros productos sujetos a impuestos. Lovel sintió la tentación de probarla; la encontró repugnante, pero logró frenar sus deseos de manifestarlo para no ofender a su anfitrión, que cuidaba la producción de la bebida cada año con especial cuidado, siguiendo la receta que el famoso Aldobrand Oldenbuck le había legado. La hospitalidad femenina ofreció a Lovel un desayuno más acorde con el gusto moderno y, mientras le hacía justicia, fue asediado por preguntas indirectas sobre cómo había pasado la noche.


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