El anticuario
El anticuario —Me preguntaba si Mary le despertarÃa con sus chillidos; ella no sabÃa que yo habÃa dejado la ventana de la Habitación Verde entreabierta; fantasma aparte, es un cuarto que no se airea bien ni en los dÃas de viento. Pero creo que anoche oyó usted algo más que el cantar de Mary. Bueno, los hombres son seres fuertes, pueden sobrellevar lo que sea. Yo estoy segura de que, si hubiera tenido que enfrentarme a cosas de esa naturaleza, es decir, del más allá, me habrÃa puesto a gritar al instante, habrÃa despertado a toda la casa sin pensar en las consecuencias. Y me atrevo a decir que el pastor habrÃa hecho lo mismo, como ya le dije en su momento. No sé de nadie que pueda pasar por algo asà aparte de mi hermano, el mismo Monkbarns, y usted, señor Lovel.
—Un hombre tan versado como el señor Oldbuck, señora, no podrÃa haber pasado por lo mismo que aquel caballero de las Tierras Altas que mencionó usted ayer.