El anticuario
El anticuario Que esta carta sea entregada con prisa, mucha prisa.
¡Corre, villano, corre! ¡Por tu vida! ¡Por tu vida!
Antigua nota que se escribÃa en el dorso de cartas importantes
Dejemos al señor Oldbuck y a su amigo disfrutar de su carÃsimo pescado, y pidamos al lector que nos permita transportarle a la oficina del cartero de Fairport, donde su mujer, por hallarse él ausente, estaba ordenando las cartas que habÃan llegado de Edimburgo para su posterior distribución. Es frecuente que en pequeñas ciudades los chismosos aprovechen ese momento del dÃa para hablar con la persona encargada de las cartas y tratar de averiguar qué es lo que dicen —bien analizando el exterior, bien mirando incluso el interior—; de este modo, matan el aburrimiento recopilando información o elaborando conjeturas sobre los asuntos de sus vecinos. Dos mujeres de estas caracterÃsticas estaban, en este preciso momento, ayudando —o inmiscuyéndose— en el deber oficial de la señora Mailsetter.
—¡Dios nos asista! —dijo la mujer del carnicero—. Hay diez, once… Doce cartas para Tennant y CompañÃa. Esa gente hace más negocio que el municipio entero.
