El anticuario

El anticuario

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Capítulo XX


Si pierde aquí su honor,

nunca más piense en servir a su dama,

despídase por completo de las armas,

y que el honorable nombre de soldado

caiga, cual corona de laurel tembloroso

de una frente fulminada por un rayo.

A Fair Quarrel

A la mañana siguiente, a primera hora, se presentó un caballero que deseaba ver al señor Lovel, el cual estaba despierto y listo para recibirlo. Era un caballero militar, un amigo del capitán MacIntyre, que se encontraba en Fairport en el servicio de reclutamiento. Lovel y él tan solo se conocían de vista.

—Supongo, señor —dijo el señor Lesley (tal era el nombre del visitante)—, que imagina el motivo por el que le molesto tan temprano.

—Supongo que se trata de un mensaje del capitán MacIntyre.

—Exacto. Se siente agraviado por el modo en que se negó usted a responder a ciertas preguntas que se consideraba autorizado a hacer a un caballero al que encontró en compañía de su familia.

—¿Puedo preguntarle, señor Lesley, si habría usted estado dispuesto a satisfacer un interrogatorio efectuado con tanta soberbia y brusquedad?


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