El anticuario
El anticuario —Bien, entonces permÃtame hablar con Dousterswivel; si el préstamo puede serle a usted favorable, entonces no le faltará; pero, si, como creo puedo recuperar el tesoro por usted sin hacer tal préstamo, presupongo que no tendrá objeción.
—Sin duda, no puedo tener ninguna.
—¿Dónde está, pues, Dousterswivel? —continuó el anticuario.
—Para serle franco, está abajo, en mi carruaje. Pero, sabedor de los prejuicios que usted alberga en su contra…
—Gracias a Dios, no tengo prejuicios contra ningún hombre, sir Arthur: son los sistemas, no los individuos, los que merecen mi reprobación. —Agitó la campanilla—. Jenny, sir Arthur y yo presentamos nuestros respetos al señor Dousterswivel, el caballero que está en el carruaje de sir Arthur, y le rogamos que nos dispense el placer de hablar con él aquÃ.