El anticuario
El anticuario y antes de nuestra llegada, cuida de vaciar los sacos de esos abades atesorados; pon en libertad a los encarcelados ángeles…
Ni campana, breviario ni cirio me harán retroceder cuando el oro y la plata me den la señal de avance.
El rey Juan[207]
La noche se anunciaba tormentosa, con viento y chubascos ocasionales.
—¡Señores! —dijo el viejo mendigo, según ocupaba su sitio al abrigo del roble para esperar a su socio—, ¡oh, señores, si no es la naturaleza humana cosa caprichosa y obstinada! ¿No es la codicia lo que va a traer hasta aquà a este Dousterswivel con la ventolera que hace, a las doce de la noche, en este paraje desolado? Y ¿no estoy yo, que estoy aquà esperándolo, igual de chiflado que él?
