El anticuario
El anticuario Muchos grandes darÃan parte de sus tierras
por tener el orgullo y el mérito
de mendigar en buena sociedad.
The Beggar’s Bush
El viejo Edie se levantó con las alondras, y lo primero que hizo fue preguntar por Steenie y la libreta. El joven pescador se habÃa visto en la necesidad de ayudar a su padre antes del amanecer, para aprovechar la marea, pero habÃa prometido que, nada más regresar, entregarÃa la libreta, con todo lo que contenÃa, cuidadosamente envuelta en una lona, a Ringan Aikwood, para que se la diera a Dousterswivel, su propietario.
La matrona habÃa preparado el desayuno para la familia, y, con la cesta de pescado al hombro, marchó con paso firme hacia Fairport. Los niños remoloneaban alrededor de la puerta, pues el dÃa estaba despejado y soleado. La anciana abuela, de nuevo en su silla de mimbre junto al fuego, habÃa retomado el hilado, completamente indiferente a los gritos y alaridos de los niños, y a la regañina maternal que habÃa precedido a la dispersión de la familia. Edie habÃa arreglado su equipaje y estaba resuelto a reanudar su vida errante, pero primero quiso despedirse con la debida cortesÃa de la anciana.
—Que tenga usted buenos dÃas, comadre, y que sean muchos. Volveré para el final de la cosecha, y espero encontrarla sana y saludable.
