El anticuario
El anticuario Remordimiento, él jamás nos abandona;
cual tenaz sabueso, rastrea nuestros pasos
a través del laberinto del verde frenesÃ
en calma, tal vez, hasta la edad caduca.
Mas cuando el Tiempo hiele nuestras rodillas,
y mutile nuestra esperanza de combate o huida,
oiremos su profundo aullido, anunciando
la ira, el mal y el castigo que nos aguarda.
Antigua obra
—No necesito decirle que yo era la asistente y confidente favorita de Joscelind, condesa de Glenallan, a quien, espero, Dios haya acogido en su seno —dijo la anciana dirigiéndose al conde de Glenallan mientras se santiguaba—. Y creo además, y es posible que usted no lo haya olvidado, que correspondà a su aprecio muchos años. Lo correspondà estando a su lado en todo momento, pero caà en desgracia a partir de un trivial acto de desobediencia, del cual su madre fue puesta al tanto por una persona que creÃa, y no le faltaba razón, que yo estaba espiando las acciones de su madre y las suyas propias.
—Le exhorto —dijo el conde con un temblor de emoción en la voz— a que no la nombre.
—Debo hacerlo —respondió la penitente con firmeza y serenidad—, o ¿cómo si no iba a entenderme?
