El anticuario
El anticuario La vida, contigo,
se inflama en el cerebro y danza en las arterias
como el vino que a los dichosos embriaga,
alegrando el corazón y elevando los sentidos:
mas de mi copa tan solo un poso queda
insípido y anodino, pálido y huero,
que ennegrece el cristal que lo alberga.
Antigua obra
—Y ahora dígame qué clase de hombre es mi hermano, señor Blattergowl, tan sabio y tan cultivado, que se le ocurre traernos a este conde a casa sin decir palabra a nadie. Y con la desgracia de los Meiklebackit… Ni la aleta de un pez podemos poner en la mesa, y tampoco tenemos tiempo de ir a Fairport a por ternera, y el cordero ya lo matamos… Y esa frívola de Jenny Rintherout se ha puesto como una histérica, lo único que hace es reír y congratularse, con esos gritos y esas carcajadas, dos días lleva así; y ni siquiera puedo ir a la cocina a organizar nada, porque anda por allí el criado del conde, más solemne si cabe que su propio señor, preparándole no sé qué puré, porque él tampoco come como el resto de los mortales… De verdad le digo, señor Blattergowl, que todo esto supera mi cordura.