El anticuario
El anticuario Vejez áspera y juventud
no pueden vivir unidas.
La juventud está llena de regocijo;
la vejez de cuidados.
La juventud semeja el estÃo matinal;
la vejez, la noche del invierno.
La juventud es parecida al opulento verano;
la vejez, al invierno desnudo.
SHAKESPEARE[252]
A la mañana siguiente, Caxon despertó al anticuario, un tanto perezoso, una hora antes de lo acostumbrado.
—Y ¿ahora qué pasa? —exclamó entre bostezos y alargó la mano hacia el enorme reloj de repetición, envuelto en su pañuelo de seda india, que tenÃa a buen recaudo bajo la almohada—. ¿Qué pasa ahora, Caxon? No pueden ser las ocho todavÃa.
—No, señor. Pero su huésped me lo ha pedido, me ha tomado por su valet-de-chambre y, de hecho, lo soy, no cabe duda de ello, tanto el suyo como el del reverendo o, al menos, no tienen a nadie más que yo sepa; también le echo una mano a sir Arthur de vez en cuando, pero eso tiene más que ver con mi profesión.
