El anticuario

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Y, como ambos eran conscientes de que su amistad, gracias al hábito, se había convertido en algo esencial para su bienestar, sus diferencias se solucionaban rápidamente. En estas ocasiones, Oldbuck, considerando que el enojo del baronet se parecía al de un niño, mostraba su superior sensatez dando compasivamente los primeros pasos hacia la reconciliación. Pero una o dos veces el orgullo aristocrático del caballero de vieja familia adquirió un tono demasiado ofensivo para los sentimientos del descendiente del tipógrafo. En esos casos, el conflicto entre estos dos individuos podría haber sido eterno, de no haber sido por la sensata mediación de la hija del baronet, la señorita Isabella Wardour. Sir Arthur tenía dos hijos: la dama antes citada y un hijo que estaba cumpliendo el servicio militar en el extranjero. Isabella era consciente de lo necesario que el señor Oldbuck era para el entretenimiento y bienestar de su padre y nunca fallaba en la mediación entre las bromas satíricas de uno y la supuesta superioridad del otro. Gracias a la suave influencia de Isabella, su padre olvidaba los ultrajes contra la reina María y el señor Oldbuck perdonaba la blasfemia contra la memoria del rey Guillermo. No obstante, como ella solía ponerse del lado de su padre juguetonamente en estas disputas, Oldbuck le daba a Isabella el apelativo de «bella enemiga», aunque de hecho la apreciaba más que a las demás mujeres, que, como ya se ha visto, no gozaban de su admiración.


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