El Monasterio

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CAPÍTULO IX

«Desde que llegaron, armados de pies a cabeza, a estos cantones, buscan inútilmente en nuestros campos el menor rastro de cultivo. Esto decía, entristecido, el labrador Juan Terruño».

(Manuscrito de Bannatyne).

Las leyes de Escocia, tan sabias y prudentes, como inútiles las hacía su incumplimiento, habían pretendido, aunque sin eficacia, remediar los perjuicios, que causaban a la agricultura los nobles y grandes hacendados, reteniendo a su servicio a los hombres de armas, a que en aquella época se les daba el nombre de jacks a causa del sayo o jubón forrado de hierro que formaba su armadura defensiva. Esta soldadesca trataba insolentemente a la clase trabajadora, vivía del saqueo y estaba siempre dispuesta a ejecutar las órdenes de su señoría, por contrarias que fuesen a las leyes. Al adoptar semejante género de vida, renunciaban a los trabajos normales, a los apacibles goces que proporciona una industria honrada, para ejercer un oficio peligroso y precario, a pesar de lo cual estaba lleno de encantos paira ellos. Cuando se habituaban a él les era imposible emprender otro.

Tal es el origen de las quejas de Juan Terruño, personaje imaginario que da perfecta idea de lo que es un aldeano, en cuya boca ponían sus versos los poetas de aquellos tiempos satirizando a los hombres y las costumbres.


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