El Monasterio
El Monasterio «¡Y a eso llamáis orden! Es una manada de bueyes, que camina al azar ante el pastor acelerado: los primeros, que van más despacio se detienen a pastar donde mejor les acomoda; pero los pobres que se quedan rezagados, los inútiles que no pueden ir de prisa sienten de vez en cuando sobre sus costillas el garrote».
(Comedia antigua).
Transcurrieron dos o tres años durante los cuales la tempestad que amenazaba cambiar por completo el gobierno de la Iglesia se aproximaba con inusitada violencia.
El padre Eustaquio había modificado completamente su modo de vida, emitiendo su opinión respecto a los asuntos de la comunidad, cuando se la pedían, al abad en particular, o al cabildo reunido, que continuaban disfrutando de su experiencia, pero sin que fuera el subprior el primero en ofrecer su concurso para la resolución de los arduos problemas que con frecuencia surgían.
