El Monasterio

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CAPÃTULO XIV

«Al cura le daremos un suculento rosbif, al alcalde un pudin mantecoso, al petimetre un pavo, y al capitán un gallo viejo. Mi mesa, servida hoy espléndidamente, ofrecerá a cada uno de mis amigos el manjar de su agrado».

(Comedia nueva).

—¿Quién es esta preciosa joven? —preguntó el molinero cuando entró María Avenel, a reemplazar a la señora Elspeth Glendinning.

—Es lady Avenel, padre, —respondió Mysie haciendo una de sus más graciosas reverencias—; y Hob Miller, descubriéndose, la saludó no tan respetuosamente como si se hubiera presentado con todas las riquezas que pertenecieron a sus antepasados, pero lo suficiente para rendir a la nobleza el debido tributo.

Como su madre, María Avenel poesía un aspecto de dignidad que no permitía, a los que hubieran podido creerse sus iguales, tratarla familiarmente. Dotada de un carácter dulce y reflexivo, perdonaba con facilidad las ofensas; pero, tímida y reservada, amaba la soledad, y evitaba las diversiones propias de sus pocos años.


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