El Monasterio
El Monasterio «¿Qué es esa jerga? Moneda falsa que rechaza el sabio, y de la que el loco se paga».
(Comedia antigua).
A la mañana siguiente, Cristián de Clint-hill no aparecía por ninguna parte; pero, como él rara vez efectuaba sus maniobras al son de tambor, a nadie sorprendió que se hubiera retirado a la claridad de la luna, aunque temían que no se hubiera marchado con las manos vacías. De modo que, según las palabras de una canción nacional,
«Corrieron unos a la alacena,
y otros corrieron a los armarios…
Nada había desaparecido,
¡quién lo hubiera asegurado!».
Todo estaba en orden: Cristián había dejado la llave de la cuadra encima de la puerta, y la de la verja en la cerradura, tomando, por consiguiente, todas las medidas posibles para asegurar la tranquilidad de la guarnición que dormía y ponerse él al abrigo de toda censura.
